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Entrevista con el vampiro, de Anne Rice

Nocturnis

SINOPSIS DE ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

En un momento indeterminado de los años noventa, un vampiro narra a un joven periodista la historia de su vida. A medida que el vampiro desgrana sus recuerdos, la historia nos transporta a la Nueva Orleans de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, al París de Napoleón III, y a otros escenarios vistos con los ojos de un hombre inmortal.

CRÍTICA DE ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

"Entrevista con el vampiro" supone una de las más interesantes revisiones de la figura vampírica de las últimas décadas. Frente a los tópicos manidos del vampiro como personaje esencialmente malvado, sirviente de las tinieblas, que se ceba con fruición en la sangre de los seres humanos, Anne Rice crea una nueva forma de mirar a este personaje. Una forma romántica, dramática y profunda que rompe con la estela de los continuadores de Bram Stocker tanto como recupera la esencia del vampiro como personaje romántico del siglo XIX.

En esta novela encontramos un desfile de personajes inolvidables que, aunque se desarrollan con mayor profundidad en las siguientes novelas de la saga, tienen en este primer libro su momento cúspide. Posiblemente porque el narrador, el vampiro Louis, es singularmente sensible a su realidad inmortal, pocas veces consigue Anne Rice alcanzar el nivel de reflexión y profundidad que alcanza con "Entrevista con el vampiro". Este narrador, Louis de Pont du Lac, es quien nos conduce a través de la historia. Con la excusa de una entrevista a finales de los años noventa, Louis va a narrando toda su historia como vampiro, una historia que arranca en la Nueva Orleans de finales del siglo XVIII. Un hombre atormentado por el recuerdo de su hermano muerto cae en las garras de un vampiro, Lestat, que, deseoso de apoderarse de sus riquezas y aprovecharse de su experiencia mundana, decide convertir a Louis en una criatura de la noche. Se crea de este modo una de las parejas más interesantes de la narrativa de terror de las últimas décadas. Louis y Lestat forman un dúo único, cargado de connotaciones homoeróticas. Dado que los vampiros no tienen sexo, no podemos hablar de una autentica pareja sexual. Sin embargo, Louis y Lestat mantienen durante toda la obra una indudable tensión amorosa que culmina en la conversión en vampiresa de la pequeña Claudia, como una perversa versión vampírica de la paternidad.

Claudia es el segundo gran personaje sobre el que gira la trama. La niña huérfana de Nueva Orleans convertida en inmortal por juego o maldad de Lestat. Una niña a la que salvan de las garras de la muerte, pero a la que condenan a una infancia eterna. A medida que pasa el tiempo, Claudia madura, su espíritu se convierte en el de una mujer con experiencia vital. Sin embargo, su cuerpo sigue siendo el de una niña, y lo seguirá siendo eternamente. Claudia es la cara oscura de Peter Pan. Una niña condenada a no crecer y a sufrir las limitaciones de los niños durante toda la eternidad. Anne Rice construye en torno a este personaje toda una reflexión acerca de la infancia eterna como algo negativo, rompiendo por completo con la tradición literaria anterior.

La segunda parte de la novela comienza con el viaje de los dos protagonistas a Europa, la tierra que ellos consideran cuna de los vampiros. En un guiño a Bram Stocker, Louis y Claudia se encuentran con los vampiros del Este del continente, simples monstruos sedientos de sangre que se ceban en la población campesina. Unos vampiros que apenas les pueden ofrecer respuestas acerca de la naturaleza de su especie. Continúan su viaje hasta llegar al París imperial, lugar en el que son invitados al Teatro de los Vampiros. En esta macabra institución, los vampiros fingen ser humanos que fingen ser vampiros. Otro de esos giros geniales que hacen de Anne Rice una narradora excepcional. Es en el Teatro de los Vampiros donde los protagonistas van a conocer a Armand, que se considera a si mismo el vampiro más viejo del mundo, y a su cohorte de seguidores. Es en este Teatro donde la acción llegará a su momento cumbre.

"Entrevista con el vampiro" es sin duda una novela de personajes. Pero no es sólo eso. En sus páginas encontramos elementos que rara vez aparecen en las novelas de terror comercial. Anne Rice utiliza el vampiro como excusa para reflexionar acerca de la inmortalidad, sus límites, sus miedos y sus inseguridades. Todos los seres humanos se plantean alguna vez cómo cambiaría su vida de saberse inmortales, cómo actuarían, cómo gestionarían su tiempo. La inmortalidad suele verse como un don reservado a los dioses, un regalo, una bendición que los hombres no pueden alcanzar. ¿Es realmente así? Anne Rice nos muestra la otra cara de la inmortalidad. Ver morir a tus seres queridos, ver que el mundo que has conocido se marchita y muere. Ver que los sistemas de valores y creencias en los que crees se desmoronan y son sustituidos por otros que te son totalmente ajenos. Sentir que todo cambia mientras tú permaneces inalterable. Los vampiros de Anne Rice no viven su inmortalidad como un regalo, sino como una insoportable condena que muchos de ellos son incapaces de sobrellevar.

Por desgracia, las continuaciones de "Entrevista con el vampiro", las que constituyen las llamadas "Crónicas Vampíricas", no están a la altura de este primer libro. Son interesantes, sin duda, y aportan elementos nuevos a la trama, pero están muy lejos de la hondura reflexiva de esta primera entrega. El hecho de que el narrador cambie de Louis a Lestat hace que las novelas pierdan carácter filosófico y melancólico, y éste sea sustituido por un tono más dinámico y desenfadado. Nunca más ha vuelto Anne Rice a dar voz a Louis de Ponte du Lac. El personaje aparece en las siguientes entregas, pero como una sombra triste, totalmente eclipsada por la fuerza de Lestat.