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Hijo de Dios, de Cormac McCarthy

Nocturnis

SINOPSIS DE HIJO DE DIOS

Lester Ballard es un joven socialmente inadaptado que malvive en una casa en las afueras del pueblo de Frog Mountain. Cuando pierde la parcela y la casa en la que vive, Ballard se ve obligado a trasladarse a una cabaña en medio de bosque, un lugar aislado y solitario en el que sus problemas mentales se agudizan aún más. Incapaz de canalizar su sexualidad de forma adecuada, Ballard comienza a asesinar a mujeres y parejas que se adentran en el bosque. Cada vez más sumido en la locura, hace desaparecer los cuerpos de los hombres mientras reserva los de las mujeres para satisfacer sus deseos sexuales más oscuros. Sus crímenes, cada vez más descuidados, llevan a los vecinos a sospechar del hombre que vive aislado en los bosques. Tras intentar asesinar al hombre que había ocupado su antigua casa, Ballard queda herido y es detenido por la policía. Los vecinos del pueblo deciden tomarse la justicia por su mano para que el asesino pague sus culpas tras haber confesado dónde había ocultado los cadáveres de sus víctimas.

CRÍTICA DE HIJO DE DIOS

Con "Hijo de Dios", Cormac McCarthy volvió a demostrar que es uno de los escritores más dotados de la narrativa norteamericana de principios del siglo XXI. Con un estilo que recuerda al del Steinbeck de "Las uvas de la ira" y, de forma más lejana, al "Tremendismo" español de después de la guerra civil, McCarthy crea un mundo en el que no hay espacio para la bondad ni para la esperanza. Un mundo esencialmente malo y cruel en el que los inocentes sufren y en el que los culpables no son más que inadaptados que reaccionan con violencia ante una sociedad opresiva e injusta. Muy distanciado del tono romántico de "Todos los caballos bellos", el McCarthy de "Hijo de Dios" es el mismo que volveremos a encontrar en "La carretera", un escritor que aborda su oficio con amargura y pesadumbre. Sin embargo, mientras "La carretera" muestra un mundo apocalíptico en un futuro no muy lejano, el mundo de "Hijo de Dios" es el real, el mundo que nos rodea cada día, que en ocasiones puede ser tan terrorífico y cruel como la más oscura de las distopías.

"Hijo de Dios" es una novela esencialmente de un personaje: Lester Ballard. El resto de hombres y mujeres que aparecen en sus páginas lo hacen sólo para interactuar con éste y sacar sus instintos a relucir. Algunos, como el dueño de vertedero y sus hijas, forman parte del mismo estrato social del protagonista, y por tanto muestran características de deshumanización muy parecidas. Otros, como el sherif y sus ayudantes, representan la otra cara de la moneda, la sociedad de clases medias y altas que han construido un muro invisible para que Ballard y los suyos no puedan invadir su espacio vital. Pese a que Balard es un criminal sin escrúpulos, incapaz de sentir remordimientos ante el dolor de sus víctimas, el autor logra presentarle de forma que los lectores no sientan rechazo hacia de él. De alguna manera, McCarthy logra que Ballard aparezca como un criminal que es al mismo tiempo una víctima de si mismo y de un mundo que le ha empujado a la exclusión social. No sabemos nada de la infancia y la primera juventud del protagonista, pero podemos intuir muchos elementos. Aún no ha cumplido los treinta años, pero no se cita a ningún miembro de su familia, por lo que podemos suponer que éstos han fallecido dejando a Ballard solo en el mundo. Por su manera de expresarse y su actitud, deducimos que no ha tenido acceso a los estudios más básicos, y que la situación de miseria que presenta en la novela ha sido una constante a lo largo de toa su vida. ¿Es Ballard una víctima o un criminal? El resto de personajes no lo dudan: le condenan de inmediato. El lector, sin embargo, tiene una perspectiva más amplia, y eso hace que su condena, si se produce, no sea tan firme.

La novela tiene momentos realmente crudos que llevan la firma indudable de su autor. El personaje del bebé con retraso mental es especialmente duro en su concepción y su desarrollo. Un niño capaz de arrancar de un mordisco las patas a un pájaro ante la impasible mirada de su madre. Un niño que vive el destino más cruel de toda la novela, muriendo abrasado en un incendio provocado por Ballard como represalia por haber sido rechazado sexualmente por una de sus hermanas. Notable crudeza presentan también las escenas de sexo con los cadáveres de las víctimas del protagonista.

"Hijo de Dios" es una novela corta a la que no le sobra nada. Cada frase tiene un lugar justo, una intención perfecta para despertar en el lector el sentimiento adecuado de repugnancia, rechazo o compasión. Quedémonos con el momento en el que, desesperado ante una situación en la que lo ha perdido todo, el protagonista, el asesino sin escrúpulo de mujeres y niños, se echa a llorar desesperado por el fío y el hambre. Un gesto este llanto que lo humaniza y lo acerca al lector, haciendo que, de forma fugaz, sienta una cierta simpatía, e incluso misericordia, por el monstruo que da sentido a la novela.