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Drácula, de Bram Stoker

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SINOPSIS DE DRÁCULA


Jonathan Harker, un joven abogado inglés, viaja a Rumanía invitado por el conde Drácula, un aristócrata que desea contratar sus servicios para que le ayude a trasladarse a Londres. Cuando Jonathan llega al castillo del conde Drácula, descubre que el aristócrata es en realidad un monstruo sediento de sangre humana. Jonathan consigue escapar del castillo de Drácula, pero no logra impedir que éste se traslade por barco a Inglaterra, donde comienza a alimentarse de la sangre de la joven Lucy Westenra. Un grupo de hombres encabezados por el prometido de Lucy y guiados por el profesor van Helsing deciden enfrentarse al conde, obligando a éste a escapar de nuevo hacia Transilvania, su patria.  


CRÍTICA DE DRÁCULA


Cuando el irlandés Bram Stoker publicó la novela “Drácula” en 1897, difícilmente pudo haber imaginado que con ella cambiaría el curso de la historia de la literatura de terror. Hasta la aparición de “Drácula”, Stoker había sido un escritor de mediano éxito, dedicándose sobre todo a la crítica literaria y de teatro, así como a otras facetas del periodismo, sin que su obra de ficción tuviera un eco importante entre los lectores. “Drácula” lo cambió todo. Además de convertirse en un fenómeno de masas, grandes escritores como Oscar Wilde o Conan Doyle quedaron asombrados por la calidad literaria de la novela y la alabaron en numerosas ocasiones. Con el paso de las décadas, y ya fallecido Stoker, se comprobó que, más allá de su incuestionable calidad literaria, “Drácula” estaba llamada a convertirse en una icono de la cultura popular, más aún cuando el teatro y, posteriormente, el cine, hicieron suya la novela y se comenzaron a producir decenas de versiones de gran, mediano y nulo valor.

bramstocker


“Drácula” es una novela que sorprende al lector que se acerca a ella por primera vez por su estructura epistolar, muy diferente de las obras que ocupan los primeros puestos de venta en las listas actuales. El género epistolar es hoy en día una apuesta arriesgada, pero era muy común en la Inglaterra de finales del siglo XIX, por lo que Stocker no hace más que insertarse en una moda de su tiempo. Lo hace, sin embargo, con gran maestría, combinando el uso de las cartas y los diarios personales de los personajes protagonistas. Cada uno de ellos posee su propia voz, su propio espíritu, y aunque siempre se mueven dentro de las contenidas convenciones sociales victorianas, podemos reconocer a cada uno de ellos por la forma en la que se expresan en sus escritos, un logro que, como todo escritor de ficción sabe, resulta muy difícil de conseguir sin caer en la ridícula parodia. Mientras el doctor Seward habla y se expresa como un hombre de ciencia, Lucy y Mina lo hacen como dos típicas jóvenes victorianas, llenas de sueños, pero siempre recatadas, comedidas y sabedoras de su lugar en el mundo. Especial mención merece el personaje de Mina Harker, la abnegada esposa de Jonathan, a la que conocemos en un principio por su intercambio epistolar con su amiga Lucy y posteriormente a través de su diario personal. En estas páginas, Mina se muestra como la perfecta mujer victoriana. Amante devota de su esposo, vive únicamente para complacer sus necesidades, tanto las domésticas como las profesionales, pues Mina se convierte en una suerte de ayudante para el flemático Jonathan, que, en comparación con ella, resulta un personaje débil y casi desdibujado. 


El principal elemento negativo que encontramos en la novela es su abrupto final. Mientras el autor dedica una gran cantidad de páginas a los comienzos de la historia, especialmente a la trama de Lucy Westenra luchando para no convertirse en vampiro, el desenlace definitivo se narra de forma rápida, sin detalles, de forma abrupta. En apenas unas páginas el lector se encuentra con una trepidante persecución, a caballo y por el río, y un enfrentamiento entre el grupo de protagonistas y los hombres contratados por Drácula para su protección.  Una escena ésta que, sin duda, habría podido desarrollarse de acuerdo con su importancia. Stoker, sin embargo, como si quisiera liquidar la novela cuanto antes, hace que Drácula no llegue a pronunciar palabra alguna ni se mueva de la caja en la que está encerrado. Jonathan Harker clava su cuchillo en el pecho del vampiro, y ahí termina la historia. Un final deslucido para una historia que merecía un desenlace más espectacular.   


Aunque “Drácula” por si misma ya merecería un puesto importante en la historia de la literatura occidental, lo que ha hecho de esta novela una obra inmortal es la enorme influencia que ha ejercido en las generaciones posteriores. Resultaría difícil encontrar en el mundo a alguna persona que no haya oído hablar del conde Drácula. Sin embargo un elevadísimo porcentaje de los que dicen conocer al personaje, jamás han leído la novela. Sólo unos pocos personajes de la literatura universal gozan de este privilegio: llegar a ser conocidos más allá de la obra en la que fueron engendrados. De este modo, el conde Drácula se ha convertido en algo mucho más grande que la novela de Bram Stoker


Pese a que hoy en día el nombre de Drácula ha llegado a convertirse casi en sinónimo de vampiro, lo cierto es que la tradición de estos personajes puede rastrearse hasta la misma Antigüedad. En época contemporánea, se considera que el primer relato literario en el que aparece el vampiro convertido en un personaje aristocrático capaz de mezclarse con la alta sociedad es “El Vampiro” de John William Polidori, amigo del poeta Lord Byron y la escritora Mary Shelley. Todos los críticos están de acuerdo en que el Lord Ruthven de Polidori ejerció una poderosa influencia a la hora de crear al conde Drácula.   

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