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Los asesinatos de Manhattan, de Douglas Preston y Lincoln Child

Nocturnis

SINOPSIS DE LOS ASESINATOS DE MANHATTAN

Un grupo de obreros que trabajan en la construcción de un rascacielos descubre por casualidad una vieja fosa común que contiene varias decenas de cadáveres. A pesar de los esfuerzos del agente especial Pendergast y de la arqueóloga Nora Kelly, la empresa constructora consigue una orden para continuar con sus actividades, destruyendo todo vestigio del viejo crimen. Al mismo tiempo, un asesino comienza a sembrar de víctimas las calles de Nueva York, con un procedimiento muy semejante al que el agente Pendergast conoce por unos viejos crímenes del siglo XIX. La búsqueda del asesino le llevará a indagar en el fascinante mundo de los gabinetes de curiosidades, para lo cual Pendergast tendrá que regresar a los archivos del Museo de Historia Natural de Nueva York. En sus investigaciones, Pendergast contará con la ayuda de la doctora Kelly y del incisivo periodista William Smithback.

CRÍTICA DE LOS ASESINATOS DE MANHATTAN

“Los asesinatos de Manhattan” es, desde el punto de vista de la mayoría de seguidores de las aventuras del agente Pendergast, una de las mejores, e incluso la mejor, novela de toda la saga. En ella encontramos todos los elementos que hicieron de esta serie de novelas un éxito absoluto de ventas: historia, ciencia, crímenes y periodismo. Una asombrosa combinación que los autores no han conseguido volver a repetir en sus trabajos posteriores.

El primer elemento que llama la atención es el uso magistral de dos momentos históricos que tienen importancia para la trama. Por un lado, el siglo XIX, el tiempo en el que vivió el doctor Enoch Leng y en el que cometió sus crímenes. Los autores logran transportarnos a este mundo desaparecido gracias al testimonio de cartas, noticias de periódico, restos arqueológicos y el aún no muy manido recurso de los viajes mentales al pasado de Pendergast. Este mundo del pasado se mezcla con el presente, fusionando dos planos y permitiéndonos ver con nuestros ojos los mismos escenarios en dos momentos diferentes de la historia. 

En segundo lugar, Lincoln y Child hacen uso de una de sus principales habilidades como narradores: el uso de la ciencia como elemento imprescindible de la trama. Sin embargo, si en las dos primeras novelas de la saga eran la biología y la botánica las que llevaban la voz cantante, en esta ocasión es la historia de la ciencia la que cobra protagonismo. Los autores nos muestran el desconocido y fascinante mundo de los gabinetes de curiosidades, mezcla de museos y galería de los horrores que proliferaban en las grandes ciudades del siglo XIX, cuando aún la ciencia tenía un fuerte componente de morbo y espectáculo. 

En “Los asesinatos de Manhattan”, los personajes aún mantienen toda su frescura intacta. Pendergast es el fascinante y misterioso hombre sureño que nos fascinó a todos en “El ídolo perdido” y “El relicario”. William Smithback, sin duda uno de los personajes más carismáticos creados por esta pareja de autores. La arqueóloga Nora Kelly, quizá el más desdibujado de todos, con demasiados elementos en común con el personaje de Margo Green, protagonista de las dos anteriores novelas y a la que se hace alguna referencia en este libro. Y el doctor Enoch Leng, al que no llegamos a ver en acción de forma directa, pero del que sabemos mucho gracias a las cartas y otros documentos desgranados en estas páginas. Un interesante mosaico de personajes que resultan creíbles en la mayor parte de las situaciones y que enganchan al lector desde el comienzo hasta el final de la novela.

Si hay algo que resta valor a esta novela es su final, algo que, por desgracia, suele ser habitual en la obra de Lincoln y Child. En las últimas páginas, los autores consiguen llevar al lector a un clímax de tensión total al revelar la auténtica identidad del asesino y describirnos su fascinante escondite. La muerte del asesino resulta, sin embargo, forzada, casual y en absoluto creíble. Un giro argumental innecesario que podría haberse evitado con un enfrentamiento simple entre el protagonista y el asesino, y que se impone como el gran error que enturbia un trabajo por lo demás muy interesante. 

Un trabajo que tiene, una vez más, como trasfondo la que se erige como protagonista silenciosa, testigo de toda la trama, escenario y al mismo tiempo agente activo de lo que sucede en las páginas de la novela. La ciudad de Nueva York. Una ciudad de Nueva York que se abre, fascinante y misteriosa, al lector, que en estas páginas encuentra no sólo la moderna urbe de los rascacielos, sino también la ciudad decimonónica, con sus calles oscuras y sus peligrosos encuentros nocturnos.