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Las Tierras Baldías, de Stephen King

Nocturnis

las tierras baldías

SINOPSIS DE LAS TIERRAS BALDÍAS

Una vez reunido lo que Roland considera que es su nuevo ka-tet completo, el grupo inicia su viaje hacia la Torre Oscura. Sin embargo, Roland comienza a sentir unas extrañas voces en su cabeza que amenazan con enloquecerle. La clave para curar su dolencia no es otra que Jake, el chico al que dejó morir en la primera etapa de su viaje. Jake, a su vez, comienza a sentir que su mundo de desmorona a su alrededor. El grupo tiene que conseguir reunirse a través de una puerta entre los dos mundos; una puerta custodiada por un peligroso guardián.

Una vez reunido el ka-tet, los cuatro llegan a la ciudad de Lud, una antigua urbe en decadencia en la que se enfrentan dos bandas por hacerse con el poder. Tras conocer al psicótico señor Tic-Tac, Roland y los suyos llegan a la estación de tren en la que les espera Blaine el Mono, un monorraíl desquiciado que plantea al grupo una competición de adivinanzas a cambio de un pasaje más allá de las Tierras Baldías.   

CRÍTICA DE LAS TIERRAS BALDÍAS

Si “El Pistolero” era un inicio lírico de la saga y “La llega de los tres” una presentación de los principales personajes, “Las tierras baldías” es el inicio del viaje del ka-tet, reunido por fin, hacia la Torre Oscura. En esta novela vemos por primera vez al grupo de Roland completo y en plena acción. A medida que pasan los días y avanzan en su camino, Eddie y Susannah continúan su formación como pistoleros, al tiempo que Roland va despojándose de su dureza inicial y adquiriendo características más humanas. La reaparición de Jake, al que Roland consideraba muerto, supone un paso fundamental en la transformación del pistolero solitario, duro y desengañado en el líder más tierno y paternal que vemos en el resto de la saga.

Además de la evidente evolución de los personajes, el lector consigue en esta novela conocer algo mejor el mundo de Roland Deschain, un mundo que, como los personajes repiten hasta la saciedad, se ha movido y baila al borde del abismo. Por primera vez, conocemos de forma directa uno de los haces, los caminos que conducen a la Torre Oscura y que sirven de soporte a la realidad de todos los mundos. Roland y su grupo se enfrentan a uno de los guardianes primigenios, un resto de un mundo pasado cuya avanzada tecnología ha caído en el olvido. Más adelante, la pequeña aldea en la que un grupo de ancianos reconocen a Roland como uno de los últimos pistoleros vivos en el mundo, y le homenajean como tal. Los ancianos son una ventana abierta al pasado que nos permite ver cómo era el Mundo Medio antes de moverse, cuando los hombres aún controlaban a las máquinas y el orden y las leyes se imponían sobre el caos. Finalmente, la ciudad de Lud, donde tiene lugar el nudo principal de la trama. Una ciudad apocalíptica, un enorme montón de escombros en el que dos bandas se enfrentan por hacerse con el poder. Unos y otros tratan de comprender una tecnología que muere lentamente, pero que ofrece a su poseedor la oportunidad de derrotar al rival. Lud es el símbolo de una civilización que llegó a lo más alto, pero que se sumió en una crisis irreparable debido a la irresponsabilidad con la que se utilizó la tecnología. 

En “Las tierras baldías” encontramos además a dos de los más interesantes villanos de toda la saga. Por un lado, el señor Tic-Tac, el enloquecido líder de los habitantes de Lud. Un gigante magalómano, de reacciones impredecibles y violentas, con una insana afición por los relojes que nos recuerda al Capitán Garfio de Peter Pan. Un hombre atrapado en un mundo cuya tecnología lucha por dominar para imponerse sobre el resto de los habitantes de Lud. 

En segundo lugar, Blaine el Mono, el tren psicópata que antaño fuese el orgullo de la ciudad gracias a su capacidad de unir la urbe con otros puntos del Mundo Medio alcanzando velocidades de vértigo. Blaine es una máquina abandonada por los antiguos habitantes de Lud, cuya tecnología nadie puede ya comprender y al que los nuevos lugareños han hecho creer con sus miedos y reverencias que se trata de un dios. Un tren enloquecido ante la soledad y el paso del tiempo, al que sólo un fino hilo une con la cordura: su afición por las adivinanzas. Unas adivinanzas que tienen una importancia capital en la trama de la novela y a las que Roland considera algo más que un juego de niños. Para muchos, Blaine es, pese a su aparición fugaz en la trama, una de las mejores creaciones de Stephen King. Un monstruo mecánico que resulta tan aterrador como patético, y por el que en ocasiones el lector llega a sentir una ligera compasión. 

“Las tierras baldías” es, en definitiva, a primera ocasión de ver al ka-tet de Roland en acción y en movimiento. Una novela que, tras dos antecesoras que sirvieron de presentación, arranca por fin la auténtica trama de la búsqueda de la Torre Oscura.