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End of Watch, de Stephen King

Nocturnis

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SINOPSIS DE END OF WATCH

A pesar de que todos los informes médicos conforman que Brady Hartsfield está cerebralmente muerto, el detective Bill Hodges sospecha algo no está del todo cerrado en el caso de Mr. Mercedes. Las enfermeras encargadas de cuidar a Hartsfield hablan de grifos abriéndose y cerrándose solos y cosas que se mueven de sitio sin explicación. Cuando algunos de los supervivientes de la matanza de Mr. Mercedes comienzan a suicidarse sin motivo aparente, Hodges sospecha que, de algún modo, Brady Hartsfield está detrás de las muertes. Todos los suicidios tienen una cosa en común: quien lo comete ha pasado un tiempo jugando a un extraño videojuego. ¿Qué vinculación puede haber entre los suicidios, el juego y el psicópata internado en un hospital?

CRÍTICA DE END OF WATCH

End of Watch” cierra la llamada trilogía de Bill Hodges, el intento de Stephen King por adentrarse en el terreno de la novela policíaca y dejar de lado el género del terror sobrenatural. Una trilogía muy desigual que comienza con una buena novela, “Mr. Mercedes”, continúa con una historia totalmente intrascendente, “Quien pierde paga”, y concluye con una absoluta estada al lector como es “End of Watch”.

¿Por qué consideramos “End of Watch” una estafa al lector? Vayamos por partes. Desde hace tiempo, Stephen King se ha convertido en una simple caricatura de si mismo. Poco queda del escritor genial que nos enamoró con sus historias en los setenta, los ochenta y el principio de los noventa. King no ha sabido envejecer de forma digna en el oficio de la escritura. Muchos llevan tiempo sospechando que lo mejor de Stephen King hace tiempo que lo hemos leído, y “End of Watch” confirma esta sospecha.

En primer lugar, una aclaración respecto a cómo entendemos el género de la ficción fantástica, término en el que englobamos también la literatura de terror. En este género, el autor inventa nuevos mundos y los dota de reglas propias. En el mundo real no existen los magos, ni los viajes interestelares, ni los zombis, ni los elfos. En el mundo de la fantasía sí existen. Pero esto no quiere decir que estos mundos no estén dotados de unas reglas que los hacen ser coherentes en si mismos. El escritor crea un mundo, lo dota de unas reglas y lo llena de personajes y de vida. Sin embargo, si el escritor rompe estas reglas que rigen su mundo se está haciendo trampas a su mismo y, ante todo, está haciendo trampas a los lectores. Esto es lo que hace Stephen King en “End of Watch” y, por extensión, en toda la trilogía de Bill Hodges. 

Mr. Mercedes” y “Quien pierde paga” describen un mundo en el que habitan terribles psicópatas capaces de desatar la crueldad más extrema contra sus semejantes. Un mundo difícil y duro en el que, sin embargo, no hay rastro alguno de elementos sobrenaturales. Nos gusten más o menos estas novelas, podemos decir que son coherentes en este sentido. 

Hasta que llega “End of Watch”. Stephen King, incapaz de permanecer lejos de lo sobrenatural durante demasiado tiempo, se hace trampas al solitario y dota a Brady Hartsfield de unos nuevos poderes de telequinesis que arruinan por completo la trama de la novela. Uno puede imaginarse a Stephen King dando vueltas al dilema de cómo construir una novela en la que el villano está cerebralmente muerto y postrado en una silla de ruedas. Nada más sencillo, debió de pensar. Convirtamos a Brady Hartsfield en una nueva Carrie White, capaz de mover cosas con la mente a voluntad. Y, mejor aún, hagamos que el villano sea capaz de introducirse en los cuerpos de otras personas y manejarlos a voluntad. Ya tenemos al monstruo libre de nuevo y dispuesto a cometer fechorías. Una genialidad.

Si no fuera porque es una trampa. Si durante dos novelas describes un mundo en el que no hay elementos sobrenaturales, ¿por qué los introduces en el desenlace como quien saca un conejo de la chistera? ¿Qué necesidad había de convertir a Brady Hartsfield, uno de los psicópatas mejor descritos y caracterizados de la literatura de los últimos años, en un fenómeno de feria ambulante? Para encontrar un final a su historia, Stephen King nos hace trampas, rompe las reglas de su propio mundo. El resultado es una enorme decepción, acompañada de la sensación de que un escritor al que respetamos y admiramos ha perdido el control del oficio. 

Lo que ocurre en “End of Watch” se detecta también en “Revival”, otra de sus últimas novelas. Dos historias que habrían resultado geniales si King hubiera sido capaz de mantener lo sobrenatural alejado de sus páginas, algo de lo que ha resultado ser incapaz. Introducir poderes mentales y monstruos en historias que no los necesitan es absurdo, empobrece la narración y, en definitiva, arruina la novela. 

En “End of Watch” Stephen King demuestra que, a pesar de que continúa siendo poseedor de un estilo único cargado de frescura y agilidad, no puede parodiarse a si mismo. El Stephen King de “End of Watch” es una caricatura del autor de “Cementerio de animales”, “It” o “Apocalipsis”. Una mera sombra de lo que fue. Un autor que hace daño a su obra y al que sólo sus lectores incondicionales, que por suerte para él se cuentan por millones, pueden seguir disfrutando.  

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