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Cinco razones por las que Stephen King debería ganar el Premio Nobel

Nocturnis

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Aunque para muchos resulte una idea ridícula e incluso ofensiva, somos muchos los que creemos que Stephen King debería ser un firme candidato al Premio Nobel de Literatura. Sin duda muchos echarán espuma por la boca al leer una afirmación así, pero, contra lo que estos puristas del verbo, existen sólidos argumentos para defender que King pudiera alzarse con este galardón o al menos estar entre los nombres que se barajan para el premio. Este artículo pretende hacer una reflexión acerca de estos argumentos positivos, así como desmontar los contrarios. El debate es sin duda necesario, pero en este caso, por desgracia el debate no puede alargarse mucho más tiempo, ya que el Premio Nobel sólo se concede a autores vivos, nunca de forma póstuma. Stephen King ha superado ya la barrera de los setenta años, y aunque la vida le quiera regalar un par de décadas más de tiempo en este mundo, hay que ser conscientes de que incluso los genios literarios más longevos acaban pasando por los brazos de la Parca. Que Stephen King se acerque al Premio Nobel pasa por un cambio de actitud en la comunidad cultural de todo el mundo; un cambio que debe producirse en los próximos años o llegará demasiado tarde.

Estos son los argumentos que presentamos a favor de que Stephen King gane el Premio Nobel de Literatura.

1- Stephen King debería ganar el Nobel porque ha consagrado su vida a la literatura

Desde que la publicación de “Carrie” le catapultó al éxito editorial y le permitió comenzar a vivir de sus escritos, Stephen King se ha dedicado en cuerpo y alma a la creación literaria. Él mismo ha confesado en alguna ocasión que mantiene un ritmo medio de seis a diez páginas al día. Cada día de la semana, sin saltarse ninguno. Eso supone una cantidad de horas dedicadas a escribir en una vida que resulta apabullante, pero que desde luego coincide con el volumen de novelas y relatos que King ha publicado desde “Carrie”. De hecho, en algún momento de su vida, Stephen King escribía tanto que su editor le sugirió que creara un seudónimo con el que publicar parte de sus trabajos sin saturar el mercado de novelas firmadas por él mismo. Fue así como nació Richard Bachman, una identidad que King mantuvo oculta durante mucho tiempo.

Evidentemente el volumen de escritos no basta por si mismo para hacer a un autor merecedor del Nobel, pero desde luego es un indicativo de la dedicación al trabajo de un escritor y del respeto que siente por su oficio. Frente a la indolencia de algunos escritores que parecen odiar el proceso de creación literaria, Stephen King ama y disfruta escribiendo. 

2- Stephen King debería ganar el Nobel porque ha atraído a la lectura a millones de personas de todo mundo

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Stephen King tiene millones de lectores en todo el mundo. Lectores de todas las edades que se entregan a sus novelas con pasión. Con este autor ocurre un curioso fenómeno, y es que el que empieza leyendo una de sus obras tiene grandes posibilidades de engancharse a ellas y acabar leyendo todas o una gran parte de ellas. No en vano, cuando King se dirige a sus lectores en los prólogos de sus obras se refiere a ellos como “lectores constantes”. Las explicaciones que se han dado a este fenómeno son muy variadas, pero la más interesante quizá sea la que lo relaciona con el hecho de Stephen King haya sido capaz de crear un universo propio en el que los personajes y los escenarios entran y salen de unas novelas para aparecer en otras después. De este modo, el lector que lee una novela de Stephen King siente que de algún modo se reencuentra con viejos conocidos. Es una sensación de retorno al hogar que siempre resulta agradable, y que te hace repetir una y otra vez.

Estas ganas de seguir leyendo desbordan la obra de Stephen King y hace que los lectores salten a otros autores, a otros géneros, en ocasiones más cultos, más difíciles y elaborados. En resumen, Stephen King es una puerta a la literatura por la que han entrado millones de personas. Y la mayoría de ellos no han vuelto a dar marcha atrás. 

3- Stephen King debería ganar el Nobel porque ha retratado los Estados Unidos de su tiempo de forma magistral

Todos asociamos a Stephen King con el género de terror, y de hecho es el maestro indiscutible de este género, al menos desde la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, si eliminamos los elementos sobrenaturales de sus novelas, lo que nos queda es una descripción asombrosamente veraz y sugerente de los Estados Unidos. “It” es la historia de una entidad demoníaca que se alimenta de niños, pero también en la historia de un pueblo de Maine desde los años cincuenta hasta los ochenta. “Apocalipsis” narra cómo un virus acaba con casi toda la humanidad, pero también es un viaje fascinante por los caminos de Estados Unidos tomados de la mano de diversos personajes. ¿Qué decir de otros personajes como los de “Corazones en la Atlántida” y su descripción de la guerra de Vietnam y sus consecuencias mentales y morales? ¿Y del acercamiento al mundo de los adolescentes americanos en los años setenta que nos brinda “Christine” o “Carrie”?

Si Steinbeck retrató de forma magistral los Estados Unidos de la gran depresión, Stephen King es el cronista de la América de la segunda mitad del siglo XX. Su mérito no es haber escrito novelas de terror; es haber llevado el terror a la vida cotidiana de los americanos. Y para hacer algo así tienes que sobresalir en la descripción de esa vida cotidiana. 

4- Stephen King debería ganar el Nobel porque ha reflexionado en profundidad acerca del fenómeno de la creación literaria

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Si en algo sobresale Stephen King por encima de ser un escritor muy prolífico es por ser un lector voraz. Él mismo ha reconocido en numerosas entrevistas su ansia insaciable de lectura, un ansia que se remonta hasta donde su memoria es capaz de alcanzar. Esa pasión por la lectura, combinada con su éxito en el oficio de escritor, ha llevado a Stephen King a reflexionar en profundidad acerca del hecho de escribir y leer como acto de comunicación más allá del tiempo y el espacio. Muchas de estas reflexiones las ha vertido en los prólogos de sus obras, algunos de los cuales son tan dignos de ser leídos y disfrutados como las obras a las que sirven de introducción. En ellos King nos ofrece sus ideas acerca de temas como por qué escribe el ser humano, incluso cuando sabe que nunca verá publicada ni una sola de sus palabras, o por qué el escritor escoge o no un género frente a otro. 

Una de sus mejores, y por desgracia menos conocidas obras, es “Danza Macabra”, un análisis del género de terror desde el punto de vista del aficionado que consiguió se profesional del género. En esta obra, Stephen King demuestra sus profundos conocimientos del género de terror, tanto en la literatura como en el cine. Un recital de conocimientos que sólo ha podido adquirir quien ha leído con pasión centenares de miles de páginas y ha disfrutado con todas y cada una de ellas. 

5- Stephen King debería ganar el Nobel porque el género de terror merece un reconocimiento oficial

Que el género de terror ha sido maltratado de forma sistemática por la crítica literaria es un hecho. Comenzando por los responsables de conceder el Premio Nobel y terminando por los críticos que publican en periódicos y suplementos culturales de todo el mundo, la literatura de terror ha sido siempre ignorada, minusvalorada y despreciada. 

Es cierto que la calidad de muchas de las obras de este género no invita precisamente a sentir respeto por ellos, pues, desengañémonos, en la literatura de terror se publican muchas obras lamentables. Pero no es menos cierto que hay escritores de terror que han demostrado ser auténticos maestros en su oficio, sin tener que envidiar nada a otros literatos que han llevado su pluma por otros derroteros más serios o valorados. Por citar a los más conocidos, Stoker, Poe o Lovecraft fueron durante demasiado tiempo despreciados como autores de literatura para consumo popular, muy alejados de los selectos paladares de las cultas élites intelectuales. La perspectiva del tiempo ha demostrado la calidad literaria de sus obras, y este nuevo punto de vista, cada vez más extendido, debería verse coronado con un reconocimiento oficial. ¿Qué mejor forma de reconocer a la literatura de terror su auténtico valor que concediendo el Premio Nobel a Stephen King, uno de sus más eximios representantes? 

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