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La Torre Oscura, de Stephen King

Nocturnis

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SINOPSIS DE LA TORRE OSCURA

El viaje de Roland y su ka-tet llega a su fin. La Torre Oscura está cada vez más cerca, pero aún son muchos los obstáculos que los pistoleros tienen que superar para llegar a su ansiado objetivo. Susannah (o Mía) da a luz a un niño engendrado al mismo tiempo por Roldan y el Rey Carmesí. El padre Callahan y Jake tienen que rescatar a su amiga de manos de los hampones que la retienen. Eddie y Roland, a su vez, tienen que solucionar las cosas en los Estados Unidos para que Stephen King pueda seguir cantando la canción de la Torre. Los problemas parecen cada vez más difíciles de superar y los enemigos más terribles. Pero la determinación de Roland y los suyos es firme: salvar los haces y llegar hasta la Torre Oscura cueste lo que cueste. 

CRÍTICA DE LA TORRE OSCURA

Como todos los viajes, la saga de la Torre Oscura también necesitaba un final. Y como todos los viajes apasionantes y maravillosos, el final del camino no suele estar a la altura de las etapas recorridas. “La Torre Oscura” es una buena novela. Habría sido una de las mejores de la saga si se situara a comienzos o a mitad de camino. Pero King quiso que esta historia cerrara el ciclo de la que es su obra más ambiciosa, y por ese motivo las sensaciones del lector son contradictorias

Cuando leemos esta novela, tenemos la sensación de que Stephen King se encontraba con algo tan grande entre sus manos que no sabía muy bien qué hacer con ello. Con “Mago y cristal” ganó algo de tiempo viajando al pasado de Roland. “Lobos del Calla” es un cambio tan abrupto de escenario y temática que parece casi una novela independiente del resto. “La canción de Sussanah” es, además de muy corta, un simple puente que permitió a King tomarse un respiro sin contar apenas nada. “La Torre Oscura” debía contar demasiadas cosas, había demasiados asuntos pendientes, y debía hacerlo de una forma digna del resto de la historia, dando a cada trama y a cada personaje el espacio y el destino que se merecían. Desde este punto de vista, King no consigue su objetivo.

Todos los finales conllevan una parte de sufrimiento para el lector, y la saga de la Torre Oscura no está libre de ello. En esta novela encontramos muertes muy dramáticas, narradas con maestría y capaces de llenar los ojos de lágrimas a los que hace décadas iniciaron la búsqueda de la Torre con un pistolero que cruzaba el desierto. Con una excepción. Resulta sorprendente y decepcionante encontrarse de forma abrupta e inesperada con la indigna muerte de uno de los personajes más carismáticos y elaborados de todo el universo de Stephen King. Randall Flagg, villano de excepción en novelas magistrales como “Apocalipsis” o “Los ojos del dragón”, un eje central de la obra de King, encuentra en este libro un final muy poco digno para alguien de su altura y su carga épica. Un personaje así se merecía una muerte mejor que la que se le ha dado en esta obra. Una bala de Roland habría sido lo mínimo que podríamos esperar para el hombre que causó la caída de Gilead. Un fallo imperdonable que, por desgracia, es demasiado común en escritores de ficción. 

Algo semejante ocurre con el Rey Carmesí. Si un escritor dedica miles y miles de páginas a construir un universo amenazado por un villano de categoría casi cósmica, capaz de destruir mundos y arrasar civilizaciones, no puede llevar al lector a descubrir en los últimos párrafos que dicho villano es un simple espantajo enloquecido cuyo único poder reside en unas ridículas granadas de mano sacadas de la imaginación de otro escritor. Conocer al Rey Carmesí es una decepción, de las peores que encontramos en toda la obra literaria de King. Al igual que Randall Flagg, el Rey Carmesí merecía un desarrollo mayor y un enfrentamiento digno con el héroe. Cuando el villano que mueve y articula toda la saga resulta ser un tigre de papel, toda la saga, vista en retrospectiva, pierde peso, pierde categoría.

En efecto, la primera vez que uno lee el final de esta novela, se siente defraudado. Son muchos los lectores que han quedado satisfechos con la llegada de Roland a la Torre, pero la mayoría manifiestan haber esperado algo más. Desde nuestro punto de vista, tal vez no sea el mejor final posible, pero desde luego el hecho de que Roland vuelva a encontrarse al principio de su periplo no deja de ser una bella metáfora de la vida y de la literatura. Uno se siente defraudado, pero tal vez porque habíamos puesto tantas esperanzas en lo que ocultara la Torre, que fuera lo que fuera que Stephen King hubiera ocultado en su parte más alta, nos habríamos encontrado con esa sensación de estafa consolidada. Como decíamos, lo malo que tienen lo caminos hermosos es que el destino en demasiadas ocasiones no está a la altura de lo experimentado en el viaje. Por algún motivo, el propio King siente la necesidad de disculparse, y escribe un epílogo en el que acusa de antemano de ser malos lectores a todos aquellos que no acepten y disfruten del final de la saga. Dado que el epílogo fue escrito antes de que el grueso de lectores pudieran acceder a la novela y pudieran dar su opinión, King pone la venda antes de recibir la herida, una acción que es fácil de interpretar como una huída hacia adelante para escapar de su propia sensación de frustración por no haber encontrado un final mejor. En resumidas cuentas, a Stephen King tampoco le ha gustado el final de “La Torre Oscura”. Es lógico y comprensible. Si, como él mismo ha dicho en numerosas ocasiones, King no decide por dónde transcurren sus historias sino que las deja fluir solas, descubrir que un trabajo al que ha dedicado media vida no cumple sus expectativas como autor debe de resultar muy frustrante.

Si uno consigue superar la sensación de decepción ante estos elementos, “La Torre Oscura” resulta una buena novela. Tiene escenas de acción, momentos épicos, momentos tiernos y motivos más que suficientes para llorar a escondidas. Pensemos que para algunos de nosotros, Roland, Eddie, Jake, Susannah y Acho han formado parte de nuestras vidas durante décadas. Ver al ka-tet junto por última vez, escucharles garlar y reír sabiendo que son las últimas líneas que leeremos sobre ellos, es una sensación triste, pero al mismo tiempo maravillosa. Además, del mismo modo que Roland vuelve a encontrarse a si mismo en el desierto persiguiendo al Hombre de Negro, como lectores siempre podremos volver a hacer este viaje una y otra vez, encontrando matices y sensaciones nuevas.    

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