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Verónica, de Paco Plaza

Nocturnis

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Año: 2017

Director: Paco Plaza

País: España

Reparto: Sandra Escacena, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Ana Torrent, Consuelo Trujillo, Sonia Almarcha, Maru Valdivielso, Leticia Dolera. 

Sinopsis de Verónica:

Verónica es una adolescente que vive una vida normal en el barrio madrileño de Vallecas. La larga jornada laboral de su madre viuda obliga a la joven a ocuparse de sus hermanos pequeños. Con el objetivo de ponerse en contacto con su padre muerto, Verónica convence a un grupo de compañeras de clase de jugar a la ouija. Sin pretenderlo, atraen algo que cambiará sus vidas para siempre. 

Crítica de Verónica:

Que Paco Plaza es uno de los referentes del cine de terror español de las últimas décadas está fuera de toda duda. Con “Rec” consiguió crear una saga de zombis a la española que encantó a medio mundo, incluida una industria norteamericana que se apresuró a copiar la idea. Aunque la última entrega desmerece por completo de las anteriores, antes de su estreno “Rec” ya había demostrado que hay vida más allá de Amenábar y que se puede hacer buen cine de terror en España sin contar con presupuestos desorbitados.

Con “Verónica”, Paco Plaza vuelve a conseguir sorprendernos. Con un presupuesto nada espectacular, logra firmar una película que combina lo efectivo con lo cercano, lo espectacular con lo familiar. El resultado es una cinta que enamora a los amantes del terror, especialmente a los que vivieron su niñez y su adolescencia en los años noventa. El ambiente de barrio, los personajes y su entorno, la banda sonora, detalles como las carpetas y los pósters, los walkmans y la ropa… todos se combinan para trasladarnos a una década que, si bien no ha sido tan mitificada como los años ochenta, marcó sentimentalmente a toda una generación. 

Este ambiente cercano de barrio madrileño que muchos podemos reconocer como propio es perfecto para aproximar la historia a los espectadores. Todos podemos identificarnos con esa adolescente enamorada de la música de “Héroes del silencio”, esa chica con demasiadas obligaciones familiares, con problemas de relaciones sociales en el instituto. Y es precisamente esta cercanía lo que hace la película más aterradora. Al llevar el argumento a un mundo que conocemos y reconocemos como propio, la historia de fantasmas te toca más de cerca, y el resultado es mucho más efectivo. 

Un acierto de Paco Plaza es que la creación del ambiente va mucho más allá de la reconstrucción de los años noventa. Con una luz mortecina y tenue que parece estar siempre filtrada por una capa de nubes, el espectador se ve atrapado en la atmósfera opresiva y ciertamente aterradora en la que viven obligados los niños cuyos padres están ausentes, ya sea por defunción, caso del padre, ya sea por motivos laborales, caso de la madre. No es algo sin importancia que los extraños espíritus sólo se manifiesten cuando la madre no está en casa: es la ausencia de los padres lo que crea una atmósfera aterradora para los niños. Cuando los padres no están, es cuando aparecen los monstruos. Una verdad que todos hemos experimentado cuando fuimos niños y que en esta película se explota para devolver al espectador a una edad en la que el miedo a que el monstruo estuviera debajo de la cama o acechando en el armario a la espera de que papá se marchara y pagara la luz era muy real. 

Una mención especial merecen los actores elegidos por Paco Plaza para encarnar a los protagonistas. Los niños, aunque cayendo en ocasiones en tópicos del género en lo relativo a la infancia, cumplen con creces su papel. Pero es sin duda la joven y desconocida Sandra Escacena la que carga con el peso fundamental de toda la película. “Verónica”, como su título indica, es una obra de un único personaje, y es la protagonista la que lleva la carga de toda la historia. Con apoyo de otros actores como los niños ya mencionados o la actriz Ana Torrent, que aporta experiencia a un casting esencialmente novato, pero en términos generales es Sandra Escacena quien se convierte en foco de todas las miradas durante los ciento cinco minutos de metraje. Y la joven, que estuvo nominada al Goya por este papel, se muestra a la altura. En un género en el que es fácil caer en el histrionismo absurdo y la sobreinterpretación (recordemos a Manuela Velasco en “Rec”), Sandra Escacena se mantiene sobria y creíble. Con actuaciones extremas cuando corresponden, con rostros desencajados y gritos desgarradores cuando lo exige el guión, pero comedida y natural cuando las escenas reflejan momentos de la vida cotidiana. Con “Verónica” Sandra Escacena se ha mostrado como una de las grandes promesas del cine español de cara a las próximas décadas.

Por señalar alguna nota negativa podemos decir que el tema de la ouija y los adolescentes irresponsables resulta algo trillado en el cine de los últimos tiempos. En cuestión de temática, “Verónica” apenas aporta nada que no hubiéramos visto ya en pantalla, por lo que si lo que buscamos es una historia novedosa no la vamos a encontrar en esta película.  

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